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jueves, 16 de julio de 2020

Ejidatario de Tláhuac fue atacado por pitbull de inquilinos en el ejido

 Mercado Sobre Ruedas                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                      

 

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El comisario ejidal de San Pedro Tláhuac, quien ha sido señalado de vender supuestamente títulos agrarios, se niega a sancionar a quien utiliza su parcela para rentarla como vivienda.

Ejidatario Hugo Pueblita en su visita a la revista NosotrosMSR

El dirigente del comisariado ejidal de San Pedro Tláhuac, Jorge Palacios Guillén, fue cuestionado por el ejidatario Hugo Pueblita Ortega, quien el pasado nueve de junio fue mordido por un perro de raza pitbull propiedad de unos inquilinos ajenos al núcleo ejidal, cuyo desalojo ya lo había solicitado desde diciembre de 2019 tras de que unos pollos propiedad de la misma familia le causaron daños a sus cultivos de cilantro y maíz.

Sin embargo, en aquella ocasión el comisario ejidal no procedió como era su obligación, por lo que dicha familia ajena al núcleo ejidal continuó su vida con toda tranquilidad, hasta que el ejidatario, cuya tabla la 2-4 de la parcela 63, colinda con la de quienes ahí vivían, fue atacado por el can.

Aun cuando la vocación del ejido es agrícola, lo que se contrapone con el uso habitacional que le quieren dar algunos, como fue el caso del ejidatario José Luis Montoya Islas, quien al parecer vive en la alcaldía Coyoacán, su parcela se encuentra sin trabajar debido a que no tiene ninguna siembra, en cambio sí la rentaba a la familia de la señora Felipa Avilés Castañeda, quien ocupaba la media hectárea como vivienda con cuatro perros pitbull, aves de corral y animales de granja.

Dicha situación y de acuerdo con lo explicado por el ejidatario Pueblita Ortega, contribuye al desorden imperante en el ejido de San Pedro Tláhuac, fomentado desde la comisaría ejidal, debido a que ésta nunca exige a los presuntos ejidatarios que alquilan sus parcelas como vivienda que presenten referencias a quienes van a vivir en ellas, lo que ha convertido al ejido en un peligroso foco de delincuencia debido a que cualquier persona puede entrar y salir libremente, porque quienes se encuentran en las casetas de vigilancia prefieren hacerse los desentendidos a fin de no meterse en problemas con nadie.

Pero sobre todo, por una comisaría ejidal bajo sospecha, debido a que a decir del señor Hugo Pueblita, son vendidos títulos agrarios al mejor postor, por lo que ha habido «ejidatarios sin parcelas».

Familia de inquilinos problemáticos

Durante su visita a la redacción de la revista NosotrosMSR para exponer su problema, el ejidatario Pueblita Ortega explicó que el martes nueve de junio reparaba en su parcela una conexión de toma de agua, cuando uno de los cuatro perros de pelea que la señora Felipa tenía siempre amarrados se soltó, por lo que el can se dirigió hacia donde él se encontraba.

Una de las mordidas que le infringió en una pierna el pitbull hace un mes

«Con la intención de alejarlo le hice la finta de que le iba a aventar algo, pero por el temperamento del perro éste no se asustó y se fue sobre mí. Me tiró al suelo, me mordió las piernas y una mano, pedí auxilio y para mi buena o mala suerte estaba la inquilina, fue ella la que le gritó al perro y se lo llevó. Todavía adolorido por las mordidas fui detrás de la señora y le dije que me apoyara para ir a atenderme con un médico, pero sólo me respondió que ‘ahorita’. Me comuniqué con mi esposa y ella y mi hijo llegaron al ejido».

La mordida en la mano derecha le ocasiona problemas de movimiento

«Me comuniqué al C5 y fue una patrulla, pero se quedó afuera del ejido, los elementos no quisieron ingresar. Después de un rato la señora salió y le dije que necesitaba ir al doctor, que me pagara mis curaciones, y también le dije que no quería volver a ver a sus perros. Ella me respondió con un, ‘¿sabes qué?, no voy a sacar a mis perros porque son los que cuidan a mis animales’. Me dijo ‘tenga 300 pesos y váyase a ver al doctor’. No, yo no le estoy pidiendo dinero, a mi lléveme a mi médico, si le cobra 300 o 500 o más, allá sabrá usted. Lo que quiero es estar bien».

El pitbull clavó sus colmillos en la mano derecha

«Al poco rato salió el hijo de Felipa, quien muy enfurecido se negó a prestarle dinero a su mamá y comenzó a insultarme, me dijo que por unas pinches mordiditas que me había dado el perro ya quería yo tanto dinero. Mi hijo le respondió molesto, ‘ahora sí le van a tener que pagar, lo van a llevar al doctor’, le dijo. Pero aquel contestó ‘no vamos a pagar ni madres, háganle como quieran y me vale madres’, luego se le fue encima y lo empezó a golpear».

Más tarde, Hugo Pueblita consiguió el número telefónico del comisario ejidal, pero éste no le tomó la llamada. Entonces le envió un mensaje por WhatsApp explicándole de qué se trataba. «Soy ejidatario con el número 724871, necesito que me apoye porque tuve esta situación». Sólo hasta entonces el comisario le tomó la llamada.

Comisaría ya había pedido que se llevaran los perros

«Le pedí al comisario que me apoyara desalojando a estas personas, como ya se lo había pedido con anterioridad, de ahí mi molestia por la forma de trabajar del comisario. Y es que los daños que los pollos de la señora le hicieron a mi cultivo nunca me los pagó, encontré a sus pollos comiéndose mi cilantro, maíz, trigo. Esa es la naturaleza de los animales, porque si no les dan alimento aquí pues entonces van y pican por allá».

En diciembre del año pasado el comisario hizo una primera visita a los inquilinos del señor Montoya.

«El comisario y el consejo de vigilancia fueron y le dijeron al esposo de la señora Felipa que retirara del lugar sus cuatro perros, pero nada más dieron el aviso y ya no volvieron a poner el dedo en la llaga, así lo dejaron. No me pasó nada hasta el nueve de junio cuando sufrí el daño por este animal, fue cuando le volví a pedir el desalojo de estas personas», señaló.

No le dijeron quién era el dueño de la parcela

Tras de que presentó una segunda petición de desalojo de aquellas personas y pidió al comisario que le proporcionara el nombre del dueño de la parcela, Palacios Guillén se rehusó a decirle quién era. «Fui yo quien se dio a la tarea de rastrear la identidad del ejidatario gracias a un padrón que tengo», dijo.

«El ejidatario ya no existe, pero sí existen sucesores y rastree la cadenita hasta encontrar al ejidatario actual, el señor se llama José Luis Montoya Islas, le pedí a sus familiares que me facilitaran su número telefónico, eso fue el día miércoles, a mí me muerde el perro el martes nueve de junio. Lo localicé –dicen que vive en Coyoacán, no tengo la dirección exacta– y le expliqué por teléfono la situación, me dijo sí, no se preocupe, vamos a solucionar esto, dijo. ¿Cuándo podemos platicar?, pregunté, él respondió que ‘el viernes voy a las 10 de la mañana’. Nos veríamos en el ejido. ‘Pero necesito que esté el comisario y demás representantes de la comisaría’, pidió».

De acuerdo con el señor Pueblita Ortega, toda esa labor de reunir a las partes la tuvo que haber hecho la comisaría ejidal, pero no fue así.

«No tenía por qué haberlo hecho yo, eso lo tuvo que hacer el comisario como representante que vela por los intereses de los ejidatarios, pero no lo hizo», comentó.

En dicha reunión celebrada el 12 de junio en el ejido estuvieron el secretario de la comisaría, de apellidos Martínez Cruz, y el presidente del consejo de vigilancia, Fermín Palacios Galicia.

Ahí Montoya preguntó al ejidatario en cuánto estimaba los gastos, éste respondió que si tomaba en consideración lo que ya había gastado en la atención a su hijo con lesión en metatarsos y estando a la espera de ver si necesitaba de alguna intervención quirúrgica, los gastos los estimaba en 15 mil pesos.

El acuerdo entre Pueblita y Montoya sin fijar cantidad

«Él no puso ninguna traba cuando le mencioné la cantidad, al contrario, dijo que él se iba a hacer cargo de los gastos y yo confié en su palabra, luego el comisario propuso que se firmara el acuerdo». Sin embargo, en ningún momento se asentó por escrito la cantidad que Montoya debía pagar, simplemente el señor Pueblita refirió que confió en la palabra de aquel.

Montoya incumplió el acuerdo

El ejidatario Montoya se comprometió a proporcionarle un adelanto la siguiente semana, según él iba a pedir dinero prestado porque no tenía. Ambos convinieron en que se comunicarían después del miércoles. Hugo le llamó por teléfono el jueves y aquel le comentó que aún no había podido conseguir dinero. Quedaron entonces de hablar la siguiente semana.

Pueblita volvió a llamarle el martes y Montoya le aseguró que en ocho días le daría algo. «Ya habían pasado 15 días de los hechos y me dice, sabes qué, nos vemos el martes ahí en la comisaría entre 10 y media y 11 de la mañana para que yo lleve algo. Cuando hicimos el acuerdo me pidió que le mostrara facturas, pero le comenté que en Tláhuac los médicos no facturan, como tampoco la farmacia de la esquina, ahora que si voy a facturar tendría que hacerlo con mi RFC y no con el suyo, así que más seguro yo le ofrezco las notas de remisión o las mismas recetas, le expliqué y quedó de acuerdo».

El día de la nueva cita fue cuando tembló en la Ciudad de México, así que no pudieron verse. «El comisario me había dicho que él no iba a poder estar que porque tenía una junta quién sabe dónde, pero que iba a estar la secretaria, que no había problema. Está bien, acepté, con que hubiese alguien que fungiera como representante y testigo». Una vez que pasó el temblor Pueblita Ortega se dirigió a la comisaría a eso de las 10:30 de la mañana, pero estaba cerrada. Trató de comunicarse con Montoya, pero no había señal telefónica a causa del sismo, así que se regresó a su casa ubicada a dos cuadras de la comisaría.

«Le marco al otro día y me dice que ahí había estado en la comisaría, que me había estado esperando, ya no quise alegar, bueno, ¿cuándo?, le pregunté, que la siguiente semana, y yo de buena fe le dije, bien, perfecto, nos vemos el martes. Ya iban 21 días desde el ataque del perro. Ese martes llegamos casi juntos, todavía no abrían la comisaría, fue a las 10:30 de la mañana, así que le mostré mis heridas para que viera que aún no cicatrizaban, ya cuando abrieron la comisaría le dije a la secretaria que fungiera como testigo del apoyo que me iba a dar el señor Montoya por los daños causados a mi persona, pero de inmediato éste me exigió las notas. Fue cuando le dije, bueno, ¿me va a finiquitar la cantidad en lo que habíamos quedado?, no, que no. Le dije que las notas la verdad se me habían olvidado, pero que podía ir a mi casa, total ahí las tengo. Pues que no, dijo aquel, ‘no le voy a finiquitar’, dijo. Entonces págueme mis días, le pedí, los días que no he laborado como jornalero ahí en mi ejido y no hay problema, la próxima le traigo las notas».

Tras de hacer la cuenta el señor Pueblita le presentó a Montoya un adeudo de seis mil 300 pesos por concepto de los días que no había trabajado. «¿Cuánto me va a dar ahorita?», preguntó.

«Hasta hoy 14 de julio tampoco me han cerrado las heridas, por una u otra razón, porque les cayó una infección o por otra cosa», le comentó. «Fue entonces cuando el señor Montoya me dijo, ‘es que sólo traigo 500 pesos’, oiga no, usted lo que está haciendo es venirse a burlar de mí, ¿cómo que 500 pesos?».

A partir de ahí Pueblita tomó la decisión de pedir a la comisaría ejidal que sancionaran al señor Montoya por lo que le habían hecho tanto él como sus inquilinos, en base al artículo 71, del apartado de sanciones del reglamento interno, fracción cinco, según explicó en la redacción de NosotrosMSR.

Molesto le preguntó a la secretaria:

«¿Cuándo puedo hablar con el comisario?». La secretaria le dijo que hasta el día siguiente porque el comisario ejidal tenía una agenda muy apretada.

Tres días después el comisario se negó a sancionar a Montoya como se lo pidió el ejidatario Pueblita, a cambio le propuso platicarlo. «Vamos a hablarlo», le pidió.

Según el secretario del comisariado, Martínez Cruz, para llevar a cabo una sanción a un ejidatario había que abrir un juicio en el Ministerio Público, por lo que el señor Pueblita adujo que el tema no era de carácter judicial, sino de carácter agrario. «Si se transgrede el reglamento ustedes como representantes de los ejidatarios tienen la obligación de sancionar», le dijo.

«Porque aunque en la fracción cinco del reglamento interno se habla de cosecha, el daño físico que me provocó el animal me lo causó en mi cosecha, además de que cuando fue el acuerdo con el señor Montoya, se le dieron dos días para que sus inquilinos desalojaran el ejido, y estos no lo hicieron así, por lo que no se cumplió con el acuerdo en tiempo y forma», expresó.

Pareciera que en el ejido se esconden malvivientes

Según los inquilinos eran amigos de Los tatuados

De acuerdo con el señor Pueblita, él fue a ver el domingo al núcleo ejidal si los inquilinos efectivamente ya se habían ido, sobre todo porque lo habían amenazado. «Me dijeron que esto ya había valido madres, que me iban a matar a mí y a mi familia, que porque ellos eran muy amigos de la banda de Los tatuados, según, pero todavía había en la parcela que ocupaban dos, tres cositas y un perro amarrado, por lo que se lo reporté al comisario quien fue ese mismo día con el de vigilancia y los dos vieron al perro ahí amarrado».

Pero ni el comisario Jorge Palacios ni Fermín Palacios, del consejo de vigilancia, aceptaron llevar el tractor para que fuera pasado sobre lo que aún había ahí como se los propuso Hugo Pueblita, lo que ocasionó malestar en la esposa del ejidatario quien también les reclamó su abulia a los dirigentes de la comisaría. Por eso fue que, a decir de Hugo, Fermín respondió a la mujer: «Pues haga lo que quiera señora, si se quiere ir con las otras planillas a ver si la apoyan. Nosotros ya hicimos lo que teníamos que hacer».

Hasta la fecha, el comisario ejidal ha rechazado sancionar al ejidatario Montoya. Le pidió a Pueblita que hiciera un escrito donde detallara los hechos. Posteriormente le pidió que fuera el jueves, esto fue ya la semana pasada, porque ahí estaría el ejidatario Montoya para negociar una vez más darle un apoyo. «Luego de que un amigo me hizo el favor de subir mi problema a su página de Facebook comenzó a circular el rumor de que me iban a callar el hocico con cinco mil pesos», detalló Hugo.

Esta vez se vieron en la tabla 12-3 del ejido en San José, «se me hizo raro, pero acepté ir. Oye, ‘¿por qué allá y no en la comisaría?’, me preguntó mi mujer. Fue ahí la cita porque el comisario no podía dejar sus actividades del chaponeo, de limpia de canales, no las pudo dejar ni tantito para atender mi situación que no se iba a llevar más que unos minutos a lo mucho».

Como llegó a buena hora al lugar de la cita, el comisario le pidió que se pusiera accesible para poder negociar, pero como el amigo que había subido su caso a Facebook se refirió al presunto fraude en el parcelamiento del ejido de San Pedro Tláhuac, eso fue lo que tenía más preocupado al comisario, por lo que le pidió que ya no hablara de la venta de títulos agrarios.

Sin embargo, el señor Pueblita en su plática con NosotrosMSR volvió a referirse a dicho fraude y a que hay «ejidatarios sin parcelas».

¿Yo puedo ser ejidatario sin tierra? –Se le preguntó a don Hugo.

—«Así es, le dan un número agrario, que en realidad serían robos», respondió.

Sólo que cuando se le pidió que diera más detalles del asunto, Pueblita reconoció no estar muy enterado del tema.

Así que de vuelta con la enésima reunión entre Pueblita y Montoya, aquel continuó su relato.

«Llega el señor y le pregunto si trae la cantidad acordada, 15 mil pesos, me respondió que no, ‘no los traigo, pero quiero ver las notas’, exigió a cambio, siendo que ya no estaba en la posición de exigir. Le contesté que si no traía la cantidad acordada que me disculpara, pero que yo me pasaba a retirar».

Aseguró que sí llegó a levantar su demanda en el Ministerio Público de Tláhuac, y que de ahí lo mandaron al juzgado cívico, «pero como no hay servicio sino hasta que se baje la pandemia hasta entonces van a proceder». Aclaró que su hijo Martín Pueblita también levantó una demanda por los daños que le provocaron.

Pide que Montoya sea sancionado

Según el señor Hugo Pueblita, el reglamento especifica que sí puede exponer su caso en asamblea. «Ahí lo puedo votar para que haya una sanción mayor, no solamente de medio año como propone el comisario que sea. La sanción que yo pido es que se congele la parcela hasta que no haga un buen arreglo conmigo. No quiero que le quiten sus derechos agrarios, sólo que le pongan una sanción fuerte. Pero el comisario no quiere eso. Así que fui a redactar mi oficio como me lo pidió el comisario para que procediera la sanción, regresé con él y se lo entregué, pero a la media hora me habló y me dijo, ‘oye, ya hablé con Montoya y que sí quiere negociar contigo’».

¿Qué respondió usted?

—Que parecía soy limosnero.

O abonero de Elektra, se le dijo.

La enésima entrevista que debía celebrarse el pasado viernes ya no se llevó a cabo.

Manifestó que en una reciente visita que hizo a su parcela volvió a ver a la familia adentro del núcleo ejidal, por lo que fue a reclamarle al responsable que la comisaría tiene ahí en la caseta de vigilancia.

«¿Cuál es tu función aquí?» –dice que le preguntó.

«Vigilar que no entre ningún camión a tirar cascajo» –le respondió el presunto vigilante.

A decir del ejidatario, nuevamente fue a ver al comisario ejidal para protestar porque al núcleo ejidal se le permite el paso a todo tipo de personas, pero por respuesta Jorge Palacios Guillén le expresó que él no puede impedirle la entrada a nadie.

«El problema es ya tenemos a los mafiosos viviendo en el núcleo ejidal y el comisario no quiere hacer nada», asentó.  

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