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martes, 27 de febrero de 2018

La violencia no está en el ladrón ni el sicario, sino en nosotros mismos

Mercado Sobre Ruedas

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Con imágenes de cuerpos femeninos tirados en el suelo se espectaculariza la muerte, al tiempo que se naturaliza la violencia a través de fotografías que ahora también reproducen los cuerpos masculinos torturados o colgados, se dijo en la presentación de un libro editado por la Universidad Autónoma de la Ciudad de México.

El feminicidio no es un asunto de mujeres, es un problema que tenemos como sociedad, porque si los asesinatos de mujeres en Ciudad Juárez se hubieran atendido, se habría evitado que quedaran en la impunidad y seguramente no estaríamos en este escenario de violencia en el que somos vulnerables, señaló Mariana Berlanga Gayón, profesora-investigadora de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México (UACM), durante la presentación del libro de su autoría Una mirada al feminicidio.
La obra –editada por la UACM– se presentó en el Salón de la Academia de Ingeniería, en el marco de Feria Internacional del Libro del Palacio de Minería, donde refirió que en el texto sostiene la tesis que los feminicidios ocurridos en aquella ciudad de Chihuahua inauguraron en el país «otra etapa de violencia desencarnada y horror cotidiano».
Dijo que lleva 15 años de trabajo e investigación en el tema de género y pensó que difundiendo la información y creando colectivos se podría revertir el problema de la violencia y los feminicidios, pero «tristemente no es así y el problema nos ha rebasado», apuntó, para subrayar que el texto «nació del sentimiento de indignación e impotencia».
«Se cree que la violencia está fuera de nosotros, que se trata del ladrón, el sicario, pero está entre nosotros y nos atraviesa a todos y a veces reproducimos lo mismo», indicó, por lo que pidió a los jóvenes, principalmente, reflexionar acerca del tema.
Por su parte, la doctora Lucía Melgar Palacios, crítica de cultura e investigadora en estudios de género, manifestó que el libro cruza el sentido político con el compromiso académico, centrado en la realidad del feminicidio y examina las imágenes con las que se representa este crimen, desde una perspectiva crítica cultural feminista.
«El libro presenta muchas preguntas y sugiere respuestas. Nos hace preguntarnos por qué esas imágenes que primero nos horrorizaron se han normalizado; es una pregunta básica que nos remite no sólo a la normalización de la violencia extrema en nuestro país, sino a la tolerancia social hacia a esta violencia», observó.
De igual forma, en la obra se formulan las preguntas de qué es y qué significa un feminicidio en un sistema patriarcal de desigualdad estructural de género, cómo se puede representar un feminicidio y qué nos dicen esas formas en que se representa, comentó.
El texto consta de cuatro capítulos, en el primero la autora habla sobre la mirada del feminicidio, relacionada con el mundo visual que se ha creado sobre el mismo, con imágenes de mujeres tiradas en el piso o terrenos baldíos y semidesnudas.
«Cuestiona por qué se tiende a representar el cuerpo femenino tirado en el suelo –abundó–duplicando la subordinación y basurización que implica el que se haya desechado en el espacio público. Los que miran ese cuerpo de pie, como peritos e investigadores que están vestidos, en contraste al cuerpo de la mujer semidesnuda, expuesta, basta para darnos cuenta de las relaciones de poder que están reproduciendo las imágenes, porque ninguna mirada es casual, debido a que quien fotografía está decidiendo que eso es representativo del feminicidio, que eso nos dice algo acerca de la violencia que padeció esa mujer y también deja fuera el contexto», añadió Lucía Melgar.
Aseguró que con dichas imágenes se espectaculariza la muerte, al tiempo que se naturaliza la violencia a través de fotografías que se han mostrado a través del tiempo y que ahora también se reproducen en los cuerpos masculinos torturados o colgados.
En el capítulo «Encuadre del patriarcado», la autora se refiere a la idea de cómo se encuadra una imagen y cómo se clasifica conceptualmente desde el patriarcado, donde el cuerpo femenino, tirado en el piso, en la basura o en el espacio público, simbólicamente no solo es subordinado, sino derrotado, «lo que nos lleva a cuestionar la femineidad subordinada, por qué nos educan a las mujeres para aceptar la subordinación y la normalización de la violencia masculina», subrayó Melgar Palacios.
Finalmente, la académica mencionó que en el texto la autora rescata la creación de un discurso alternativo, como las cruces rosas, los bordados por la paz, los murales en Ciudad Juárez representando los rostros de las mujeres  asesinadas, toda una serie de símbolos que nos remiten al feminicidio, pero que no representan esa violencia, sino la conmemoración de la vida de la mujer, la denuncia de su asesinato y que haya memoria alternativa del feminicidio.
En la presentación de Una mirada al feminicidio también participó Adriana González Mateos, profesora investigadora de la UACM, quien fustigó las negligencias e inercias de instituciones como el sistema judicial, «porque el feminicidio sucede y se repite en el marco de la cultura patriarcal, donde hay descuidos para el registro de la escena del crimen y las evidencias se pierden».
Reconoció el trabajo de las mujeres que exigen justicia y buscan otras maneras de representarnos, porque al hacerlo «preservan y reparan la memoria de la víctima, pero también colaboran en la construcción de una realidad menos hostil para todas».
Asimismo, se pronunció por presionar a las distintas instancias universitarias para establecer mecanismos educativos y normativos contra la violencia machista.

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