domingo, 29 de julio de 2018

En México el suicidio como escape a la depresión es ya grave problema

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En México, los epidemiólogos han reportado un aumento en las muertes por suicidio en las últimas cinco décadas y una variación del fenómeno. Mientras que en la década de los setenta el suicidio era considerado un fenómeno frecuente en adultos mayores, con el transcurso del tiempo estudios en diferentes países indican incrementos importantes en jóvenes menores de 35 años y en adolescentes. Según el Instituto Nacional de Salud Pública en 2015 hubo 6, 425 suicidios en México, de los cuales 10.5% (674) tenía entre 10 y 17 años de edad, 58.8% (396) de esos casos fueron varones y 41.2% (278) fueron mujeres.

Cada 40 segundos una persona en alguna parte del mundo se suicida, debido a que en el 90 por ciento de los casos no recibió tratamiento para trastornos mentales derivados de problemas personales, laborales, económicos o condiciones de salud mental como depresión, esquizofrenia y abuso de sustancias tóxicas –drogas y alcohol–.
Estudios realizados por investigadores de España y México estiman que 80 por ciento de los suicidios consumados presenta un cuadro depresivo, y de acuerdo con estimaciones de la Organización Mundial de la Salud (oms) las tasas de suicidio han aumentado en 60 por ciento en los últimos 50 años.
A decir de Alejandro Molina López, responsable del Servicio de Atención Continua en el Instituto Nacional de Psiquiatría Ramón de la Fuente Muñiz (inprfm), el suicidio es un problema de salud pública y social y quienes recurren a él lo hacen por una mala interacción con la sociedad, abandonan a ésta que no pudo brindarles protección, de ahí que el suicidio sea una interacción coartada entre una sociedad que debió proteger a quienes cometieron suicidio consumado, señaló
Estimaciones de la OMS refieren que cerca de 40 por ciento de la población mundial vive con depresión, pero son las mujeres quienes presentan mayor prevalencia de síntomas asociados a la enfermedad en comparación con los hombres.
De acuerdo con el psiquiatra, una persona vulnerable con resiliencia deficiente y poca adaptación puede intentar suicidarse ante una situación menor como sería reprobar un examen. «En contraparte, una persona resiliente que se enfrenta a un estresor mayor –como la muerte de un ser querido– y que tiene una capacidad de adaptación, red de apoyo familiar, acceso oportuno a los servicios de salud y una buena fortaleza interna y biológica, no decide suicidarse».
La resiliencia, según define la Asociación Americana de Psicología, es la capacidad que tiene una persona para superar circunstancias traumáticas, y que se adquiere desde la infancia. Estudios demuestran que uno de los factores más importantes en la resiliencia es tener relaciones de cariño y apoyo dentro y fuera de la familia.
Suicidas mexicanos
En México, los epidemiólogos han reportado un aumento en las muertes por suicidio en las últimas cinco décadas y una variación del fenómeno. Mientras que en la década de los setenta el suicidio era considerado un fenómeno frecuente en adultos mayores, con el transcurso del tiempo estudios en diferentes países indican incrementos importantes en jóvenes menores de 35 años y en adolescentes. 
El Instituto Nacional de Salud Pública (insp) documenta que en 2015 hubo seis mil 425 suicidios en México, de los cuales 10.5 por ciento (674) tenía entre 10 y 17 años de edad, 58.8 por ciento (396) de esos casos fueron varones y 41.2 por ciento (278) fueron mujeres. De acuerdo con el INSP, el mayor número de suicidios ocurrió entre los hombres, ya que hubo 3.2 suicidios por cada 100 mil, mientras que en las mujeres la tasa es de 1.8 suicidios por cada 100 mil.
Cuando los medios de comunicación informan una muerte por suicidio, por lo general, la víctima es un varón, y pareciera que el suicidio ha adquirido un rostro masculino, y las estadísticas lo confirman: ocho por cada 100 mil hombres fallecieron por lesiones autoinfligidas en 2015, mientras que dos por cada 100 mil mujeres decidieron quitarse la vida. 
Son las mujeres quienes realizan más intentos de suicidio, pero los varones utilizan métodos más drásticos para morir, en comparación con las mujeres, de ahí que la tasa de muerte por esta causa sea más elevada en este grupo poblacional. La conducta suicida no distingue géneros, y aunque los varones son quienes más mueren por suicidio, este patrón está cambiando porque las mujeres están imitando métodos frecuentemente utilizados por ellos.
«En los últimos años, la frecuencia de las muertes por suicidio incrementa a un ritmo más rápido en ambos géneros. Los hombres siguen con mayor tasa de suicidios consumados, pero los casos en mujeres están aumentando a un ritmo mucho más rápido», dijo. 
Para el especialista, la consumación del suicidio es sólo el resultado de un problema mayor que requiere el abordaje desde el punto de vista comunitario, social, legislativo y del sector salud: la conducta suicida.
De acuerdo con el doctor Guilherme Borges, quien ha realizado investigaciones sobre el proceso suicida en México, las personas no intentan suicidarse sólo una vez en el trascurso de la vida. «A medida que la persona tiene más ideación, pensamientos y actos de suicidio, hay más probabilidad de que tenga un nuevo intento en el futuro próximo, y que este sea más cercano a lo letal. Cada intento tiene la posibilidad de resultar en la muerte o en una lesión física de primera magnitud, que causa un gran sufrimiento psicológico en el individuo y en los familiares», indicó.
¿Por qué aumenta el fenómeno del suicidio?
En opinión de Molina López, en México hacen falta programas para la detección y prevención oportuna de conductas suicidas. Actualmente los pacientes reciben una intervención cuando llegan al servicio de urgencias. «El proceso empieza mucho antes y no detectar es lo que genera un avance en el proceso del suicidio y lo detectemos en etapas muy avanzadas o con la consumación del proceso. Pensamos que el problema del suicidio es la consumación del acto, pero en realidad el problema viene desde mucho antes», observó.
La principal teoría sobre el aumento de casos de suicidio, precisó, es la falta de una detección oportuna, además de que convergen diversos factores.
Desde un enfoque sociológico, el ritmo de vida, la presión social y la burocratización han llevado a un aumento de los trastornos de ansiedad. Las situaciones de estrés crónico conllevan, a largo plazo, al desarrollo de trastornos mentales, principalmente depresión y consumo de sustancias y, como consecuencia, un fenómeno termina favoreciendo el suicidio. La estabilidad y cohesión familiar constituyen una mayor protección ante la depresión y los intentos de suicidio.
«El suicidio es un problema sociológico, pese a que se atañe exclusivamente al sector salud; cuando hay vínculos sociales estables dentro de una sociedad, los riesgos de cometer suicidio podrían ser menores», puntualizó.
La imagen negativa, el estigma y los mitos que la sociedad tiene de las personas con problemas de salud mental continúa siendo una barrera para que estas expresen su situación y busquen la ayuda de un profesional. Menos de 10 por ciento de los pacientes a nivel nacional con algún trastorno mental recibe atención, en parte por el estigma, aunque no se deja de lado otros problemas que dificultan el acceso a la atención. En el primer término, las recomendaciones de los especialistas versan en sensibilizar a la sociedad en el tema de la salud mental.
El estigma de que quien visita al psicólogo «está loco»
María Elena Medina-Mora, una de las figuras reconocidas a nivel nacional e internacional en el ámbito de la epidemiología de la adicción a drogas y la salud mental, ha documentado en sus investigaciones la brecha de atención que existe en los pacientes que requieren de la ayuda de un profesional. En México, menos de 20 por ciento de quienes presentan un trastorno afectivo busca algún tipo de ayuda, y quienes lo hacen tardan entre ocho y 14 años en llegar a un tratamiento especializado.
Son muchos los factores que intervienen en  la búsqueda de ayuda, pero el estigma se ubica entre los principales. Para el doctor Alejandro Molina, entre la población es común la creencia de que una visita con el psicólogo o psiquiatra es sinónimo de enloquecimiento, se piensa que se ha perdido el juicio o se está perturbado, cuando en realidad, acudir a terapia sirve para cambiar desde un pequeño hábito, o bien solucionar un problema conductual o emocional que está afectando al individuo.
«Las personas podemos dudar o creer que no necesitamos acudir con un especialista. El estigma podría explicar el porqué las personas se suicidan antes de pedir ayuda. Somos víctimas del estigma en salud mental», apuntó.
Más capacitación en el sector salud
El estigma que envuelve al fenómeno de suicidio no es ajeno al sector salud. Hoy aún existe la creencia de que el tema de la salud mental es solo materia para los psicólogos y psiquiatras. «En la prevención de suicidios se responsabiliza exclusivamente a los hospitales psiquiátricos, cuando en realidad debería ser un tema para todos los niveles de atención, incluso en la medicina comunitaria y familiar», precisó Molina López.
En México no existe una distribución uniforme de los especialistas en psiquiatría. Sesenta por ciento de los psiquiatras que hay en el país ejerce en las zonas urbanas de Jalisco, Nuevo León y Ciudad de México, esto de acuerdo con un artículo publicado en 2016 en la revista Salud Mental.
Estados como Chihuahua y Quintana Roo, donde hay una población de más de tres millones 500 mil y un millón 500 mil habitantes, respectivamente, presentaron mayores tasas de suicidio en 2015. En 2016, estas dos entidades tenían solo 50 y 19 psiquiatras, respectivamente. 
La propuesta de un grupo de investigadores del INPRFM es compartir la responsabilidad en la atención del suicidio al primer nivel de atención en hospitales generales de México, a través de la capacitación del personal en temas de salud mental y conductas de riesgo.
Muchas veces el personal se enfrenta a personas con conductas suicidas sin conocimiento teórico, y menos práctico. Aun en la medicina hablar del suicidio sigue siendo un tabú, porque no hay un programa académico oficial que incluya la suicidología y la tanatología. Son temas que deberían estar en los programas básicos de las carreras en medicina, trabajo social, enfermería, aseveró Molina.
La falta de profesionales capacitados en la atención de conductas suicidas puede generar manifestaciones de enojo y falta de empatía en los médicos que en algunos casos estarían lejos de ayudar al paciente.
«Lamentablemente estamos ante un sistema que no está preparado desde el punto de vista de capacitación y procesos para contener todo el fenómeno. Hay que quitar esa idea de que los hospitales psiquiátricos son los responsables de dar atención al tema del suicidio. Esto debe abordarse desde el pensamiento o ideación suicida para lograr la prevención», expresó.
Algunos estudios revelan que 75 por ciento de las personas que consumaron suicidio estuvo en contacto con un servicio de salud de primer nivel en el año previo. Otra cantidad considerable (45 por ciento) lo estuvo un mes antes de morir por esta causa.
La detección de una persona con conductas suicidas y la incorporación de un abordaje multidisciplinario (enfermeras, psicólogos, trabajo social, etcétera) ayudaría a disminuir las muertes por suicidio, dijo.
Resignificar la muerte 
Para Patricia Guadalupe Villagómez Zavala, especialista en psicología y académica de la Universidad de Guadalajara (UdeG), el suicidio es un eco que llega a mover fibras sensibles en la familia o amigos. Cuando ocurre una muerte por esta causa, alrededor de cinco o seis personas resultan afectadas, dijo. Un factor de riesgo importante en el suicidio es el duelo o pérdida traumática reciente, y al tratarse de un tema delicado, complejo y estigmatizado, los familiares que cursan con un evento de este tipo evitarían hablar del tema.
Hablar de muerte es un tabú, y la forma en cómo sucedió es el elemento más doloroso que no siempre es comprendido por la sociedad. «El tema del suicidio se juzga y se menosprecia», asentó.
Fuente: Conacyt

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