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miércoles, 4 de abril de 2018

Tláhuac, una delegación asolada por las dos delincuencias organizadas

Mercado Sobre Ruedas

Realismo Trágico
El miedo de la población se ve reflejado en el hecho de que apenas oscurece y la gente se recluye en sus domicilios, las calles de colonias densamente pobladas como San José y Selene se ven desoladas por el temor de la gente a ser víctima de las bandas delincuenciales que operan en gran número en la delegación, conformadas por cierto con un alto porcentaje de menores de edad.

Que los delincuentes están protegidos desde a mero arriba
La otrora tranquila y apacible Tláhuac terminó por volverse un infierno para sus pobladores ante el acelerado crecimiento de los índices delincuenciales como asalto a transeúnte, robo a comercio y casa habitación, así como robo de automóvil.
El miedo de la población se ve reflejado en el hecho de que apenas oscurece y la gente se recluye en sus domicilios, las calles de colonias densamente pobladas como San José y Selene se ven desoladas por el temor de la gente a ser víctima de las bandas delincuenciales que operan en gran número en la delegación, conformadas por cierto con un alto porcentaje de menores de edad.
Si bien la delincuencia comenzó a hacerse presente en la vida de los tlahuaquenses con mayor frecuencia desde hace por lo menos dos administraciones anteriores, fue con la actual cuando los escenarios han rebasado lo previsible, sobre todo por la percepción de la ciudadanía de tener un narcogobierno delegacional.
Lo cierto es que son pocos los establecimientos comerciales –incluidas tiendas de abarrotes y cafeterías– cuyos dueños aún no han sido extorsionados –porque asaltados ya lo fueron– para exigirles el pago de cuotas por derecho de piso, ante la impasibilidad de la policía cuyos elementos, a su vez, son extorsionados por sus mandos, con la connivencia de los superiores de estos.
El caso es que en Tláhuac la situación es angustiante para ese sector cada vez más reducido de gente que para sobrevivir de manera decorosa, abre un establecimiento comercial. Porque si no son los del área de jurídico de la delegación los que van a extorsionarlo por algún supuesto incumplimiento del reglamento, son los extorsionadores de la delincuencia organizada los que le visitan.
O los de la banda de colombianos que también asolan a todo tipo de comerciantes en Tláhuac, a fin de obligarlos a aceptar sus préstamos.
Tan grave es la situación que los policías mejor recomiendan a las víctimas de asaltos cometidos en su mayoría por menores de edad, que desistan de su intención por levantar una denuncia en el ministerio público porque en primer lugar no procedería, y en segundo lugar estos tomarían represalias contra el denunciante una vez libres.
Hace unos días, unos mozalbetes se metieron a robar a un domicilio particular –cuyos moradores no estaban– en la Colonia Santa Cecilia a plena luz del día –sabedores de que cuentan con la complicidad de elementos policiacos–, pero fueron vistos por vecinos quienes de inmediato llamaron al sector para pedir ayuda, por lo que llegó al lugar la policía. Fueron detenidos los rateros pero, en efecto, al poco rato ya estaban otra vez en la calle.
Lo malo es que los delincuentes ya sabían por los números telefónicos de qué domicilios habían salido las llamadas para denunciarlos, así que al día siguiente y de noche, fueron impunemente a rafaguear dichas casas a fin de intimidar a los vecinos. Ya no hubo denuncias por supuesto.
Mientras tanto, en el perímetro que va del Colegio de Bachilleres a la planta de rebombeo de agua sobre el Eje 10, en la Colonia Selene, son pocos los domicilios donde aún los delincuentes no se meten de madrugada a robar lo que encuentren.
También hace unos días, en el Barrio La Lupita de Tlaltenco unos delincuentes intentaron robarse un automóvil Nissan de madrugada, empujándolo silenciosamente hasta dar vuelta a la esquina y poder echarlo a andar, por fortuna el dueño del vehículo despertó y logró gritarles que dejaran su auto, por lo que los ladrones hicieron varios disparos al aire.
Eso despertó a los vecinos que comenzaron a salir a ver qué sucedía, por lo que los ladrones emprendieron la huida.
A decir de algunos policías a vecinos víctimas de robos y asaltos, los delincuentes en Tláhuac están protegidos desde arriba, con lo que dan a entender que por más que ellos quieran llevar ante el ministerio público a los ladrones –sean o no menores de edad–, si lo hacen no tarda en entrar una llamada telefónica a la fiscalía para que los aprehendidos sean puestos en libertad y sin que se les formulen cargos.
No hace mucho aquí dimos a conocer el caso de un mozalbete que fue capturado y golpeado por sus víctimas en un establecimiento de comida, y que al ser supuestamente detenido por los policías que llegaron al sitio donde se había cometido el atraco, en lugar de llevarlo al ministerio público lo condujeron ante el jefe de la banda, en la Colonia La Habana, donde cobraron su recompensa por haberlo rescatado.
Y es que Tláhuac, por ser todavía pueblo chico, los vecinos todo terminan por saber, incluso hasta la identidad de los delincuentes. Aun cuando los aventureros golondrinos de la grilla politiqueril han saturado la delegación de asentamientos irregulares y apropiado de predios a fin de meter ahí a su clientela política que les garantice la permanencia en los cargos públicos, prácticamente casi todos se conocen.
Son pocos quienes se han escapado de sufrir un asalto en Tláhuac, una delegación donde los provenientes del partido Morena vinieron a dar al traste con la poca tranquilidad que quedaba a los habitantes, al haber tomado la administración delegacional como un corto de poder para, al parecer, tener control de toda la actividad delincuencial.
Los pobladores de Tláhuac saben que esa delegación ya la perdieron como un lugar donde hubo paz y relativa seguridad, ante la cada vez más abundante presencia del crimen organizado y, al menos, un partido político, cuyo dirigente por cierto hace alarde de honestidad e incorruptibilidad, y no tiene ningún empacho en anunciar que cuando llegue a la presidencia va a amnistiar a los capos del narco y demás matrícula de la delincuencia organizada.
Después de todo, para eso, según se afirma por parte de fuentes confiables, aquellos se preparan con considerables recursos económicos y materiales provenientes de ya sabes dónde, para comprar el voto de electores peregrinos que les aseguren la permanencia en la administración local por al menos otros tres años más.

1 comentario:

  1. Ya estamos hartos de la impunidad y la complicidad de autoridades y delincuentes...algún día les llegará también a ellos la delincuencia cuando sus familiares también sean atacados al ser rebasados por la misma...

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